Es éste otro maravilloso aporte de mi querido amigo Purnendiu (Dany)
Gracias!!!
LA PROFESIÓN HUMANA
La verdad se vive, no se enseña; es el resultado de incalculables luchas y de infinitas vacilaciones. Lo divino se halla dentro de cada uno, no en los conceptos.
A menudo se dice que no aceptáis una razón de la existencia; que no os movéis hacia un objeto claro; que navegáis entre dos aguas indecisos. Es por eso por lo que ahora os escribo. El auténtico oficio de cada hombre y cada mujer, el que ha de colmar su vida entera, al que sus dolores y alegrías deben contribuir, es llegar a sí mismo. De manera luminosa y hasta contundente en algunas ocasiones, de manera recóndita en otras, el yo de cada uno espera ser atendido y cumplido. Las profesiones que aparecen en las tarjetas de visita (yo no tuve jamás) o en los carnés de identidad no son más que caminos no siempre rectos hacia el fin verdadero, formas no decisivas de aproximación. Para un despierto -no para un somnoliento- la obligación más seria y la vocación más irresistible consiste en ser quien es; no poeta, no pintor, no músico, no médico o notario, no ejecutivo, ni sabio economista, ni político. La profesión humana es descubrir el propio e íntimo manantial de la vida. Cada cual es un impulso que debe consumarse; cualquier traba que le pongamos irá contra nosotros mismos; será un suicidio sutil.
Hoy no se habla tanto como ayer de lo burgués, quizá porque en nuestra área cultural todo es ya burgués o quiere serlo.
Todo se vuelve tratar de conseguir un compromiso, una cómoda planicie en que nada deslumbre, un confortable y equilibrado término medio entre extremos opuestos. Vosotros nacisteis en un mundo lleno de componendas que no habéis inventado. Un mundo que no se abandona ni a la embriaguez ni al ascetismo; ni a lo dionisíaco ni a lo apolíneo. Un mundo cuyo ideal no es la entrega a un proyecto común y personal, sino la conservación de la pequeña parcela con un chalé adosado. Un mundo que no soporta lo absoluto ni lo incondicional; que no es ardiente o frío, sino tibio tan sólo, como lo que el fiero Iahvé del Antiguo Testamento vomita de su boca. ¿A costa de qué consigue éste mundo la subsistencia, la instalación y la seguridad que son sus valores más preciados? A costa de la pasión, de la intensidad, de la esplendidez en la vida y en los sentimientos. Se conforma con una tranquilizada e inconsciente conciencia en lugar del vendaval de Dios. Se conforma con una mediocre satisfacción en lugar del entusiasmo. Se conforma con un desentendido bienestar en lugar de la libertad soliviantada. Se conforma con el provecho en lugar del riesgo; con agregarse a la mayoría silenciosa en vez de levantar la voz hasta los cielos.
De tal actitud, llámese o no burgués, habéis de huir más aún que la peste. Y entonces sé que os encontraréis desconcertados e inseguros. Bendito desconcierto. Porque lo que ese mundo despreciable desea sobre todo es una regla inamovible, más o menos fácil ,más o menos comprensible y salvadora: en ella quiere descansar a través de cualquier filosofía imitada, de cualquier religión, de cualquier arte. Una regla que ordene el caos devorador, o sea la vida.
Un razonamiento, aunque haya que hacer un esfuerzo de sumisión , de cuyo sentido no se puede dudar (más, que esté prohibido dudar) y en el que se repose como sobre una almohada.
Pero tal doctrina infalible no la hay: las cosas se contradicen, son inquietas e inciertas, caben sobre ellas muy opuestas interpretaciones… Camino de la verdad, no adquiráis ninguna doctrina perfecta que vengan a ofreceros; aspirad solo a la perfección de vosotros mismos. La verdad se vive, no se enseña; es el resultado de incalculables luchas y vacilaciones. Lo divino se halla dentro de cada uno, no en los conceptos, ni en los altares, ni en los libros. El peligro más grave está en los premios de consolación con que nos contentamos. El más grave albur es querer cobijarse a cualquier precio en lugar de vivir a la intemperie: los techos bajo los que nos protegemos suelen caérsenos encima y aplastarnos. No hay fórmula redentora, ni normas incontestables. Por encima de todo reina la vida; desordenada, injusta en apariencia, caduca e inmortal al mismo tiempo.
El sueño de esta sociedad es hacer estático y no dinámico el interior del hombre; anestesiarlo mediante una total identificación con los demás; que la dependencia triunfe sobre la autonomía, la opresión sobre la libertad ,la diversión prevista sobre el placer intransferible; que el individuo sustituya el ideal de sí mismo por el que la sociedad le parezca de más fácil manejo. Y, a pesar de tal comportamiento, lamenta que se desencadenen olas de violencia y agresividad. Ella, la sociedad igualadora es quien con su ortopedia rígida y falsa, escupe al cielo, y se queja después de que su salivazo le salpique la cara... Me consuela pensar que el hombre no ha sido aún vencido; que esta sociedad nuestra lleva en sí el germen de la muerte, porque ella fue hecha para el ser humano y no al revés como parece creerse; que el hombre luchará ,mientras viva, en favor de su vida y de su plenitud; que se desvelará en la consecución de cuanto necesite, de arriba o de abajo, para cumplirse altivamente de uno en uno.
Antonio Gala. Noviembre de 1993
De Carta a los Herederos
cordiales saludos. Purnendiu Daniel